12 de mayo de 2019

Tratos y promesas.

Cuando tenía 13 años y ella estaba muy enferma, le dije a Dios que no quería crecer...

Pensaba que el destino pretendía hacer un canje de vidas. La de mi madre por mi sobrina que estaba por nacer. Me parecía injusto que ambas no llegasen a conocerse. Era un inmenso dolor que ocultaba a los demás, mi fortaleza se quebraba cuando estaba solo. Lloraba y pedía a Dios que al volver de clases ella este aliviada, con las ganas de siempre para revisar mis cuadernos y ayudarme en las tareas.

A los 13 aún me sentía un niño, me negaba a esos cambios irrevocables que la vida nos da. Recuerdo siempre preguntarme por el cambio de actitud de las personas cuando se vuelven adultos, el claro ejemplo eran mis hermanos mayores -¿Por qué cambian de canal? Yo quiero ver caricaturas no series viejas o noticias. -¿Por qué llegan tan tarde?-¿Por qué gritan y hacen las cosas tan complicadas? -¿Por qué son tan serios? Y así, me pasaba analizando su comportamiento. 

Pensaba en muchas cosas que ofrecer para salvar a mi madre, no quería crecer sin ella. Hice muchas promesas con Dios. Le dije que ese año no pediría a Papá Noel ningún regalo (sí, aún creía en el gordito barbón). Le pedí que me deje ser siempre un niño, que no quería ser adulto y que eso años se vuelvan años de vida para ella. Prometí ser una persona correcta, sin vicios, sin enamoramientos que me alejen de mi familia. 

Dios aceptó el trato pero puso sus condiciones. Su respuesta llegó al día siguiente y 15 años después aún tengo a mi madre disfrutando y renegando de sus nietos. Espero que el destino me dé tiempo y nos conceda más momentos juntos. Ella merece toda la felicidad y más, sacrificó sus sueños por su familia. La amo 3 millones x10n. ¡Feliz día Mamá!

PDTA: Prometí más cosas. Dios no aceptó todas.

Dejanos tu comentario: