19 de diciembre de 2017

El día que jalé un curso en la universidad.

Era el año 2016 cuando cursaba el segundo ciclo en la universidad. El primero había sido difícil para todos los de mi código (compañeros) y solo pocos salimos invictos. El curso más importante en esta etapa de la carrera de ingeniería es Física y en ese mismo nivel lo es Análisis Matemático.

Mi profesor de Física II era un tipo gordo, serio pero de mirada graciosa. Era de aquellos profes que no interactúa con sus alumnos. Siempre llegaba con su agenda (libreta) y dentro de ella unas fichas de papel bulky en que el tenía el contenido de la clase del día, comenzaba a escribir y llenar toda la pizarra para luego intentar explicarla. Lo que quedaba para nosotros los estudiantes, era practicar e investigar por nuestra cuenta.

A diferencia de la secundaria, mi pasión por los estudios bajó, me dejé llevar por el mundo virtual y comencé a crear una realidad alternativa que me permitió lidiar con mi vida bohemia y antisocial. Pero esa es otra historia... Y volviendo al relato; para cuando llegó las semanas de exámenes finales el estres y el hueveo me pasó factura.

Era la tarde de un viernes, teníamos el último examen de Física II, la mayoría del código estaba en igualdad de condiciones: necesitábamos un 10 para aprobar el curso raspando. El examen constaba de 4 problemas de 5ptos cada uno pero el límite de tiempo permitía apenas resolver 2 e intentar el tercero. El profesor por su defecto en la vista dejaba a casi todos copiar. Por sobre mi cabeza volaban bolitas de papel de un lado a otro, compañeros más osados arrancaban sin culpa las hojas del libro  que tenía el solucionario del examen. En mi caso, por temor (nunca había copiado en un examen) decidí solo responder lo que podía y dejar que la suerte haga su parte. Terminado el examen el profesor se retiró hasta la siguiente clase.

Al regresar a casa noté mi error, había resuelto correctamente 2 de los 4 problemas pero aún así estaba condenado a jalar el curso. No le conté a nadie de lo sucedido, me encerré en mi mundo alternativo y desaparecí todo el fin de semana. Fue fatal, me sentí un perdedor y más aún porque aunque hubiese copiado de todos modos habría jalado. ¿Habría un ser humano más tonto que yo? ¿Merezco acaso mi tan mala suerte? Esta y más preguntas que me hacía a fin de seguir socavando mi estado de ánimo como castigo a la idiotez hecha.

Llegó el día de los resultados. El profesor comienza a llamarnos uno por uno para entregarnos el examen calificado y el promedio final. Yo, sentado a una esquina, temblando al igual que todos pero consciente de lo que me tocaría. Pasaron los minutos y casi todos ya tenían su examen. "Zheard vas a ser el último, seguro aprobaste, yo ya fui" -me decía el compañero del lado mostrándome su <06>. No lo creo, te voy a acompañar, le dije  con una risa nerviosa; y atendiendo su confianza le conté lo sucedido. En ese instante se cagó de risa, dudo un momento y volvió a reír. -"No me jodas, a ver enséñamelo"-me dijo, y tras mostrarle el <cuerpo del delito> siguió con la burla que levantó la suspicacia de otro compañero al que también tuve que confesar. Cuando notaron que esto no me era gracioso me aconsejaron no decir la verdad y que el profe resuelva a mi favor.

Cuando este terminó me acerqué lentamente hacia él con una hoja de papel en mi mano, todos estaban mirándome y susurrando. Le conté lo sucedido y por primera vez lo vi sonreír, su mirada graciosa me ponía aún más nervioso. "Lo siento alumno, no puedo aceptar esto", me dijo. "Tu nota es <00> y tu promedio  final es <08>" añadió. Lo que siguió después fue humillante, me rehusaba a jalar Física II por una tontería y comencé a suplicar una oportunidad. No tuve éxito. El profesor guardó sus cosas, se despidió y se fue.

Explico lo que pasó: Aquella tarde del examen nunca llegué a entregarlo al profesor. Al llegar a casa y abrir mi mochila lo encontré entre mis cosas. En la búsqueda de saber que pasó dado que sí recordaba haberlo entregado noté que no tenía mi hoja borrador, un papel que se usa para calcular y  resolver operaciones. Ese fue mi error, mi gran falta, entregué esa hoja en vez de mi examen.  Tal descuido me obligó a repetir el curso y llevarlo nuevamente en paralelo con Física III. Afortunadamente en el siguiente ciclo pude aprobar ambos y nivelarme.

Esto quedó como una anécdota más. Si me preguntan si hay rencor al profesor, la respuesta es no, por el contrario le doy la razón: Que alguien se presente, días después con el examen desarrollado a la mitad y argumentando la confusión de las hojas, es inverosímil. <<Este chibolo cree que soy huevón, me quiere ver la cara>> Probablemente se habrá dicho mientras reía de mi desgracia. Pero lo que en su momento fue mala suerte, se convirtió en motivación para hacer mejor las cosas y no volver a jalar un curso en la universidad.


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